El principal propósito de quienes participamos activamente en la enseñanza, difusión o comercialización de la medicina estética, debe ser siempre el exhorto y fomento a la ética responsable, procurando darle la máxima seriedad y compromiso a nuestro papel y en lo posible, luchar por erradicar ese terrible estigma de la improvisada charlatanería que tanto daño y desprestigio le están ocasionando.

El paciente de medicina estética acude a la consulta en busca de mejoría en su parte física-emocional, no a que le provoquen ninguna de toda la gama de alteraciones y lesiones que por ignorancia e imprudencia se cometen en “nombre de la medicina estética”. Y esto es, justamente, lo que la tiene en el hoyo oscuro de la maledicencia y como tema recurrente de vilipendios amarillistas que necesariamente consigue aumentar sus detractores y desprestigio aún entre la comunidad médica misma.

Pero ahí no para el asunto, lamentablemente está creciendo como bola de nieve la actitud de muchísimos médicos que con el signo de pesos en sus ojos y seducidos ante el creciente “boom” por la estética y la belleza, ven en la medicina estética el remedio fácil y comodino para rápido y sin mayores preámbulos comenzar a generarse riqueza.

Lo condenable es la ignorancia burda. La superficialidad irresponsable. La falla grave ante la confianza del paciente que se entrega y a la cual el médico no sabe corresponder con dignidad. Ocasionar un daño en tales circunstancias, además de grave y penoso, es sancionado por la ley, por tanto, deben cuidarse y sobre todo, reconocerse los límites técnicos y científicos en lo referente a la capacidad física o mental de cada quien para realizar algún procedimiento y de esta manera evitar problemas legales.

Por este vital compromiso debemos, todos, autoridades, medios de comunicación y médicos, prevenir a nuestra sociedad por lo general tan confiada y receptiva para aceptar de buena fe todo, todo lo que le ofrecen los diversos canales publicitarios. Las personas deben investigar que el profesional, médico o no, cuente con estudios certificados, con formación académica y además de conocimientos, experiencia plena en lo que pretenda realizar.

Esforcémonos porque la gente tome conciencia de lo que le están ofreciendo. Informarse sobré qué procedimientos se realizarán, qué sustancias les pretenden inyectar o qué “medicamentos” les están formulando. Se trata de su cuerpo, su cara, en general de procedimientos estéticos que ayuden a resaltar su belleza o atenuar algún inesteticismo y no de que paradójicamente les ocasionen daños o secuelas muchas veces sin posible solución.

Y lo más importante, un llamado a la conciencia de los médicos que de alguna u otra forma estén involucrados en la práctica de la Medicina Estética. La ética y la dignidad profesionales son valores y virtudes que jamás deberemos perder de vista. Incluso así nos comprometimos al efectuar el Juramento hipocrático:

"No entregaré a nadie ninguna droga mortal aunque me lo pida, ni haré sugerencias respecto a sus efectos. De la misma manera, no daré a ninguna mujer un remedio abortivo. Aquello que oiga o vea en el curso del tratamiento o fuera de él en relación con la vida de los hombres, que no deba ser difundido de manera alguna, lo guardaré para mí. Si observo con fidelidad mi juramento, séame concedido gozar felizmente mi vida y mi profesión, honrado siempre entre los hombres; si lo quebranto y soy perjuro, caiga sobre mí, la suerte adversa”. (Extracto del Juramento de Hipócrates).
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ÉTICA EN LA PRÁCTICA DE LA MEDICINA ESTÉTICA